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¿Por qué iniciar a los niños en la cocina?

Más allá del aprendizaje de unas destrezas prácticas que les permiten habilidades sensoriales y la colaboración en las tareas del hogar, esta práctica puede favorecer la autoestima, la empatía, el seguimiento de normas y una relación sana con la autoridad.

CARMEN ISABEL MARACARA |  14 de diciembre de 2016

Hablar con Anabella Barrios Matthies sobre cocina es tener la certeza de una pasión. El hecho de definirse como "psicóloga de profesión y pastelera de corazón" da muestra de esta horizontalidad en ambas tareas que, en perfecta armonía, construyen un camino de sanación del ser, en la alegría, el descubrir cosas nuevas, despertar a la magia y creatividad de unos fogones que también construyen caminos hacia adentro y que se expresan en una relación más armónica con el entorno. Esta psicólogo clínico, con  máster en Familia, lleva varios años realizando talleres de psicocina para niños (www.kulinaria.com.ve y  @psicocina en Twitter), que pueden solicitarse en  forma particular y, a través de ellos, ha ganado muchos infantes, hoy adolescentes o jóvenes adultos, que establecieron una nueva relación con los alimentos y esta actividad, además de desarrollar otras destrezas sensoriales, emocionales, creativas.

¿Por qué es necesario vincular a los niños al acto de cocinar?
"Quizás convenga comenzar diciendo que la cocina funciona como un gimnasio mental que permite ejercitar múltiples destrezas y habilidades que son necesarias para la vida. Tanto niños como adultos pueden beneficiarse tanto emocional y psicológicamente de este acto y en el caso de los niños permite, por un lado, ofrecerles una actividad creativa, activa, participativa, distinta a las actividades pasivas como ver televisión  o juegos de videos o el iPod. La cocina estimula el desarrollo del pensamiento científico que tiene que ver con no quedarse con lo evidente, con ir con un poquito más allá, al preguntarse cosas como por qué la cebolla que nos hace llorar, se vuelve dulce cuando la colocamos a fuego lento. Este ir más allá, se traduce en la vida y así, cuando nos hablan mal de alguien, aprendemos a no quedarnos con lo que nos dicen. O nos hace capaces de detectar oportunidades de negocio en donde otros no las ven, porque hemos ejercitado el músculo mental en esa dirección".

"Otra de las habilidades que se estimula es el pensamiento creativo, que no solo es sensibilidad artística, sino también es la habilidad de solucionar problemas ante la falta de algo. Ver cómo podemos resolverlo o cómo presentamos este plato para que a mi papá o a mi mamá le provoque comérselo. Y en ese sentido, comenzamos a estimular la empatía, que es ponerse en los zapatos del otro. El trabajar en equipo, grandes y chicos, fortalece la socialización y, evidentemente, el necesitar un adulto, una autoridad, permite fortalecer nuestras destrezas sociales en las relaciones con la autoridad".

"Y el hecho de cocinar, de ver cómo se suceden las cosas, estimula la curiosidad y que los niños comiencen a ver los ingredientes de otra manera. Igualmente no solo se aviva el sentido de la vista, a través del cual percibimos ochenta por ciento de las cosas, sino que ytambién estimulamos el resto de los sentidos y de esa manera fortalecemos lo que se llama el Yo o nuestro gerente interno".

Normas e instrucciones
Algo esencial en la infancia es descubrir que para lograr ciertos retos, crecer, es necesario seguir unas pautas en forma organizada. Una  forma de aprenderlo, sin el estrés escolar, por ejemplo, es también a través de la cocina, ya que, como enfatiza Barrios Matthies, una receta requiere seguir un paso a paso que se descubrirá en forma vivencial.

"El hecho de que en la cocina trabajemos primero con normas es muy importante. El orden que exige la cocina, los cuidados, es algo que más que hacerlos sentir limitados, los hace sentir grandes, por la responsabilidad que implica. Esto también favorece su autoestima. Y que los procesos se hagan de principio a fin, paso a paso, posibilita no solo fortalecer la autoestima en forma más completa a través de la sensación de logro, "logré sacar 20 puntos, que bien me quedó mi trabajo", sino también el valor del esfuerzo de hacer las cosas bien.

"Son muchas las cosas que suceden en la cocina y que ejercitan el músculo mental, sin necesidad de dar un sermón, sino que la experiencia va moldeando y va enseñando valores, entre esos la tolerancia  a la espera: tengo que esperar que la torta salga del horno para que podamos comérnosla, no es inmediato. Y en este sentido, fortalecemos nuestra capacidad ante la frustración: a veces no nos sale bien y hay que volverlo a intentar".

Una oportunidad para los vínculos
Indica la psicóloga venezolana, que al cocinar con los hijos, se da un paso más allá en la creación de relaciones más estrechas con ellos, más allá del deber, de la rutina, de la cotidianidad de actos repetitivos como llevarlos al colegio.

"Es algo más bien de disfrute, en el que les damos la opción de participar, de formar parte de, y después a agradecer, de ofrecerle algo al otro que le va a gustar. Entonces allí hay una sensación de logro, pero un sentido de pertenencia que es importantísimo, que luego en la adolescencia le va a funcionar como factor protector, pues ya los padres no van a estar tan presentes,  porque tienen más fuerza los amigos. Pero si se han trabajado unas fundaciones de valores en casa, digamos con más fuerza, esa experiencia de vínculo se mantiene".

Desde que los pequeños son bebés, pueden ser estimulados sensorialmente con actos vinculados con la cocina. Por supuesto, no haciendo recetas ni platos, sino, como indica Barrios Matthies, en actividades sencillas como entrar en contacto con los ingredientes, degustarlos, olfatearlos.

"Yo inicié a mi hija en la cocina desde muy pequeña. Son bebés y los tenemos en brazos y siempre estamos preparando unas panquecas o una arepa o un café y allí están participando. Luego, en cada etapa, desde que se sientan, pueden incorporarse actividades sencillas: limpiar unos granos, ponerlos a remojar, dejar que los toquen: eso los estimula sensorialmente y los introduce a la cocina. Permitirles hacer una masa de arepa, meter la mano, luego ver como la arepa se va transformando, que huelan los alimentos. Definitivamente,  desde que nacen, se pueden ir estimulando. Luego, a cada edad, pueden ir sumándose pasos: primero, amasar arepas, luego, a los dos años, se les puede enseñar a untar. Los desayunos son mis favoritos para los niños, porque son preparaciones bastante rápidas y los niños tienen poca paciencia, pues están en proceso de desarrollar su atención. Y los desayunos, al ser rápidos, permiten ir poco a poco incrementando la dificultad. Les encanta hacer una arepa, realizar la mezcla de una panqueca, una tortilla, un revoltillo, un sándwich; esas son excelentes posibilidad para comenzar", apunta.

En fin, no saque a su hijo o hija de la cocina porque es peligroso, solo enséñale poco a poco las características de este espacio, gánalo para los alimentos y, por lo tanto, para la vida. Que descubra un mar de sensaciones en el que podrá no solo aprender a disfrutar de los alimentos, sino también a compartir en una relación fraterna y estrecha.

Coordenadas
Anabella Barrios Matthies, psicólogo clínico.
 Teléfono: 0412-241.8968.

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