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Mi "Tuti"

Les presento a Tuti, mi hija, mi amor, mi orgullo

CAROLINA JAIMES BRANGER  |  17 de diciembre de 2017

Cuando uno tiene un hijo especial aprende a ver la vida de otra forma: la inmediatez da paso a la paciencia. No se esperan grandes cosas, más bien se disfrutan las más pequeñas. Los ínfimos logros se convierten en fuente de las mayores felicidades. Y vivir así es una bendición. Porque las "grandes cosas" suceden pocas veces a lo largo de la existencia.

Mi hija Tuti el día de su primer año tuvo una fiebre alta –concomitante con una amigdalitis- y nunca se buscó otra razón que la infección que ya tenía. Tenía año y medio cuando comenzó el calvario de exámenes y médicos.

Nunca la engañé: le explicaba todo lo que le iban a hacer. Si implicaba dolor, se lo decía: "te va a doler, pero tú eres valiente". Sí, Tuti es una valiente. Ha soportado procedimientos –hasta una punción lumbar que le hicieron despierta- con la fuerza y la entereza de un adulto. Ha sido tenaz en lograr lo que se propone. Ha tenido una fuerza de voluntad infinita en dietas interminables y otros tratamientos buscando el origen de su discapacidad. Y por encima de todo, ha sido una niña feliz. De hecho, es la más feliz de mis tres hijas. Se siente aceptada, querida, tomada en cuenta. Ha encontrado apoyo de personas que han sido esenciales en su crecimiento y desarrollo. En primer lugar, de la familia. Luego, de los médicos maravillosos, las maestras entrañables, los terapistas dedicados. De los amigos. Esos amigos estimulantes, siempre presentes, mágicos. Todos han tenido su cuota en hacer de Tuti una mujer que aprendió a sobrellevar sus dificultades y que hoy mira al futuro con ilusión.

A Tuti le cuesta todo: desde automatismos como caminar y hablar, bañarse, abotonarse un botón, subirse un cierre, escribir y pare usted de contar. Sin embargo, aunque le cueste, lo hace. Pero cuando se trata de buscar qué hacer como modo de vida, para una persona a quien todo le resulta cuesta arriba, no es tarea fácil.

Uno de los aspectos que ella tiene a su favor es su belleza. Por esa belleza se me ocurrió que podía trabajar como modelo de fotos. Entonces me di a la tarea de buscar quién la apoyara. Y así fui encontrando personas sensibles que confiaron en ella: Alicia Sindoni en El Aragüeño, donde Tuti fue portada de la revista dominical. Marinés Ferrero de Notitarde, quien le hizo un bello reportaje. Carmen Herrera de Maltese de René Dessés, quien la usó como modelo en uno de sus catálogos. Magali Raygada de Camusso, para quien posó con la colección de joyas del afamado platero peruano. Hoy es Bolivia de Bocaranda quien le tiende la mano y la designa imagen de la campaña de Senos Ayuda de 2018. La estupenda fotógrafa Marianela Pérez le hizo las fotos en El Cerrito (Villa Planchart), con el apoyo de Carolina Figueredo, Antonio Vasco e Inés de Armas. Les presento a Tuti, mi hija, mi amor, mi orgullo.

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