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No permitas que la ira trastorne tu vida

Aun cuando la ira es una emoción necesaria para la supervivencia, cuando se vuelve una asidua compañera se transforma en enemiga de nuestro bienestar

MAYTTE |  4 de febrero de 2018

Todos podemos sentirnos enojados de vez en cuando, sobre todo cuando nos sentimos expuestos a situaciones o a personas que nos afectan, unas por la dificultad que encierran y otras por su actitud y comportamiento. El problema aparece cuando estos episodios se vuelven frecuentes.

La ira es una respuesta emocional a una amenaza externa, en la que debido a las circunstancias nos vemos en la necesidad de luchar para protegernos o defendernos de algo que consideramos es grave. Pero, debemos decir que aun cuando la ira es una emoción necesaria para nuestra supervivencia, cuando se vuelve nuestra asidua compañera se transforma en la enemiga número uno de nuestro bienestar. Todos los extremos son negativos.

Es importante darnos a la tarea de buscar en nuestro interior las posibles causas de su presencia en nosotros. Emociones como la tristeza, el miedo, el estrés, la frustración o el cansancio pueden estar escondidos detrás de ella, y si los reconocemos, podremos afrontarla y manejarla asertivamente.

Claves para serenar tu ira
ESCUCHA TU CUERPO. Si experimentas dificultad para respirar, se te acelera el pulso, sientes dolor de cabeza o de estómago súbito, o una fuerte tensión en alguna parte de tu cuerpo, esta es la señal inequívoca de que necesitas respirar profundo y buscar la manera de calmarte. Cuenta hasta diez si fuese necesario para evitar reaccionar agresivamente y empeorar la situación que enfrentas con tu actitud o comportamiento.

PRACTICA LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE. Aprende a respirar atento al momento en que tomas el aire, mientras cuentas mentalmente 5, lo sostienes contando 2 y lo sueltas lentamente, contando mentalmente hasta 10. Concéntrate en tu respiración y quita tu atención de la situación que te afecta. Practicar una técnica sencilla de relajación es una buena manera de serenar tus emociones y evitar tus estallidos de ira. El yoga, la meditación, el mindfulness y la práctica de tu deporte favorito pueden ayudarte a recuperar y mantener la calma.

MEJORA TU COMUNICACIÓN. Muchas veces la razón de nuestra ira es la frustración que sentimos cuando las cosas no ocurren como lo esperábamos, o cuando las personas no actúan como pensamos que lo harían. En lugar de buscar culpables para descargar nuestra ira sobre ellos, pensemos en lo que podemos hacer para solucionarlo, recordando que no siempre es culpa de otros, que tal vez el error lo hayamos cometido nosotros, y que en la medida en que aprendamos a expresar de forma asertiva lo que deseamos o esperamos, tomándonos el tiempo de preguntarle a los otros que fue lo que entendieron, podremos aclarar las dudas y ponernos de acuerdo.

NO TE LLEVES HASTA EL LIMITE. Si sabes que se han acumulado dentro de ti ideas y emociones que nos has podido expresar en su momento, ten presente que cualquier inconveniente pequeño puede hacerte estallar. Tómate el tiempo para reflexionar sobre tus últimas reacciones y pregúntate si fueron realmente justificadas. Tal vez encuentres la necesidad de canalizar esas emociones alteradas y darle solución a las situaciones que siguen pendientes. Podemos decir lo que pensamos y sentimos sin necesidad de ser agresivos o hirientes, podemos hacerlo conscientes del efecto que queremos causar.

PRACTICA LA EMPATÍA. Empatía significa comprender un poco más a los demás, porque muchas veces lo que origina el conflicto es la manera en la que nosotros interpretamos lo que dicen o hacen, y lo tomamos casi siempre, como una ofensa personal. Prueba a considerar que tal vez no se dieron cuenta, no te escucharon, tienen problemas, estaban distraídos o abrumados, es posible que al hacerlo se suavice la situación de tensión que experimentas al contacto con ellos. Evita generalizar y pensar que como ya tuvieron un desacuerdo o tu expectativa se vio frustrada, esto volverá a suceder y no tendrá solución.

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